Chávez: La gran política tiene en la Celac un sólido espacio para su realización

Santiago de Chile, Chile. El presidente de la República, Hugo Chávez, envió un mensaje a los países miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), a propósito de realizarse en Santiago de Chile la II Cumbre del organismo que une a las Repúblicas latino-caribeñas.

La misiva fue leída de forma textual por el vicepresidente ejecutivo, Nicolás Maduro Moros, durante la plenaria que reúne 33 jefes y jefas de Estado.

En el mensaje, el Presidente venezolano destacó que gracias a la Celac los pueblos de América Latina y el Caribe, «ya nos vamos pareciendo a todo lo que una vez fuimos, a todo lo que quisimos ser pero nos fue arrebatado, nos vamos pareciendo a la Pachamama, a la cintura cósmica del Sur, a la reina de las naciones, a la madre de las Repúblicas».

Asimismo, Chávez, a quien se le rindió homenaje por sus ideas y esfuerzos para impulsar la creación del bloque, afirmó que la Celac es el proyecto de unión política, económica, cultural y social, más importante de nuestra historia contemporánea, razón por la cual tenemos todo el derecho de sentirnos orgullosos, pues la nación de Repúblicas, como le llamaba el libertador Simón Bolívar, ha comenzado a perfilarse como una hermosa y feliz realidad.

A continuación el texto íntegro:

Mensaje del presidente de la República Bolivariana de Venezuela,

Hugo Chávez, a la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac)

Presidente Piñera, hermanas y hermanos.

En nombre del pueblo de Venezuela reciban un fervoroso saludo bolivariano junto al vivo testimonio de la hermandad hacia cada uno de los pueblos de la patria grande. En realidad y en verdad, lamento no poder acudir a esta cita en Santiago de Chile, como es del conocimiento de todas y todos ustedes, desde diciembre del año pasado estoy batallando nuevamente por mi salud en la Cuba revolucionaria y hermana.

Por eso, estas líneas son la manera de hacerme presente en esta Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, son la manera de reafirmar el compromiso vivo y activo de Venezuela con la causa histórica de la unión.

Imposible no sentir a Simón Bolívar palpitando entre nosotros en esta cumbre de la unidad, imposible no evocar a Pablo Neruda, a Pablo de Chile y de América, en esta tierra y en este presente de Patria Grande de que estamos hechos. Decía Pablo Neruda:

«Libertador, un mundo de paz nació en tus brazos. La paz, el pan, el trigo de tu sangre nacieron de nuestra joven sangre. Venida de tu sangre saldrán paz, pan y trigo, para el mundo que haremos. Bolívar, siempre Bolívar».

Por eso, con un recuerdo vivo quiero compartir con ustedes una certeza. Gracias a la Celac ya nos vamos pareciendo a todo lo que una vez fuimos, a todo lo que quisimos ser pero nos fue arrebatado, nos vamos pareciendo a la Pachamama, a la cintura cósmica del Sur, a la reina de las naciones, a la madre de las Repúblicas.

El espíritu de la unidad ha vuelto con todas sus fuerzas. Es el espíritu de nuestros libertadores y libertadoras, que ha reencarnado en los pueblos de nuestra América Latino-Caribeña. Es el espíritu en el que confluyen muchas voces para hablar con una sola voz. Fue el entrañable espíritu de la Cumbre para América Latina y el Caribe, que dio nacimiento a la Celac en Caracas. Es el entrañable espíritu de esta cumbre en Santiago de Chile.

Desde aquel diciembre del año 2011, cuando fundamos en Caracas la Celac, los acontecimientos mundiales no han hecho más que ratificar la extraordinaria importancia del gran paso hacia delante que dimos.

A un año y casi dos meses de su constitución en Caracas, la Celac ha sabido plantarse con un carácter y una personalidad bien definida. Lejos de cualquier dictamen o pretensión ajena a sus principios y postulados, hoy más que nunca podemos decir que cuando afirmamos que hemos reemprendido, real y verdaderamente, el camino de nuestros libertadores —lema que identifica a esta comunidad—, no estábamos haciendo una retórica ni una vana declaración. Ahora bien, tan trascendente tema exige que lo llenemos cada día de más y mayor contenido histórico, político, económico y social.

Por eso hoy ratificamos la denuncia y la condena al vergonzoso bloqueo imperial a la Cuba martiana y revolucionaria; la continua colonización y ahora la militarización progresiva de las Islas Malvinas. Ambos hechos son violatorios de todas las resoluciones que ha emitido la ONU para salvaguardar los derechos del pueblo cubano y argentino, pero sin duda alguna —de parte de este organismo supranacional para hacerlas cumplir— la justicia esta incontestablemente del lado de Cuba y de Argentina. Si somos una nación de Repúblicas, nuestra soberanía es la de toda la Patria Grande y debemos hacerla respetar.

Cuando resuena el fúnebre sonido de los tambores de la guerra, cuánto valor tiene que los Estados de América Latina y el Caribe estemos creando una zona de paz, donde se respete celosamente el derecho internacional y se reivindique la solución política y negociada de los conflictos. Tenemos el deber de anteponer a la lógica de la guerra una cultura de la paz, sustentada en la justicia y en la igualdad.

La Celac es el proyecto de unión política, económica, cultural y social, más importante de nuestra historia contemporánea, tenemos todo el derecho de sentirnos orgullosos. «La nación de Repúblicas», como le llamaba el libertador Simón Bolívar, ha comenzado a perfilarse como una hermosa y feliz realidad.

Cómo no recordar, otra vez, la voz de Neruda cuando nos dice desde su memorable poema, «Alturas de Machupichu»: Sube a nacer conmigo hermano, subamos hermanas y hermanos, porque ha llegado la hora de nacer de nuevo, con toda la memoria y todo el porvenir iluminando el presente».

Los sagrado propósitos, las relaciones fraternales y los intereses comunes, que unen entre sí a las Repúblicas de nuestra América Latina y Caribeña, tiene en la Celac una base fundamental, no solo para garantizar la estabilidad de los gobiernos que nuestros pueblos se han dado, sino la soberanía, y digamos con Jorge Luis Borges, «la perpetuidad de cada una de nuestras patrias».

Largo y difícil ha sido nuestro común transitar desde que nos enfrentamos al Imperio español en el siglo XIX y la lucha por la independencia. La lucha que hoy continúa estuvo ligada insolublemente —ligada en el pensamiento y en la acción de nuestros libertadores y libertadoras— a la lucha por la unidad, por la construcción de la Patria Grande, con bases sólidas y cimientos perdurables.

Recordemos a Bolívar nuevamente: «Una sola debe ser la patria de todos los americanos, ya que en todo hemos tenido una perfecta unidad». Pero las oligarquías le cerraron el paso al proyecto histórico unitario y el costo todavía lo estamos pagando. Tiene razón el escritor argentino Norberto Galasso cuando dice: «Lo que pudo ser la victoria de la Patria Grande se convirtió en las veinte derrotas de las patrias chicas», esta historia no debe repetirse.

Pongo toda mi convicción al reiterar unas palabras que dije en Caracas, el histórico 2 de diciembre de 2011, al nacer la Celac: «Hoy somos una patria o no seremos patria, o hacemos la única Patria Grande o no habrá patria para nadie en estas tierras».

Cómo no reconocernos en estas palabras que el Libertador Bernardo O’Higgins, el gran discípulo del inmenso Francisco de Miranda, le escribiera a Bolívar en el año 1818: «La causa que defiende Chile es la misma en que se hallan comprometidos Buenos Aires, la Nueva Granada, México y Venezuela, o, mejor diríamos, es la de todo el continente de Colombia». Colombia como llamaron alguno de nuestros libertadores al sueño de la unión de la Patria Grande.

Quiero evocar con ustedes unas palabras del sabio Andrés Bello, cuando decía en el siglo XIX: «La tendencia del siglo que vivimos es a multiplicar los puntos de contacto entre los pueblos, a unirlos, a fraternizarlos, a hacer de todo el género humano una sola familia. Resistir esa tendencia es descender en la escala de la civilización». Mi convicción es que la tendencia del siglo XXI debe ser la misma que la enunciada, con tanta lucidez, por Bello.

La gran política tiene en la Celac un sólido espacio para su realización. Se ha puesto elocuentemente de manifiesto que Nuestra América Latino Caribeña es capaz de verse y pensarse a sí misma y al mundo, con plena autonomía, y de actuar conjuntamente.

La gran política supone un aprendizaje permanente: es aprender a convivir con nuestras diferencias, aceptarlas y procesarlas, buscando siempre la mejor manera de complementarnos. La gran política impide que la intriga nos divida. No olvidemos aquella dolorosa advertencia de Bolívar: «Más hace un intrigante en un día que cien hombres de bien en un mes».

Pero estoy persuadido de que, en esta hora estelar de nuestra historia, fracasarán quienes intenten desviarnos; que prevalecerá, lo digo con Bolívar, el bien inestimable de la unión; que el monroísmo desaparecerá definitivamente como instrumento de opresión, dominación y desunión en este lado del mundo.

Estas iluminadoras palabras, en una línea claramente bolivariana, del gran pensador argentino Jorge Abelardo Ramos, en su libro Historia de la Nación Latinoamericana (1968), deben llamarnos a la reflexión: «El subdesarrollo, como dicen ahora los técnicos o científicos sociales, no posee un carácter puramente económico o productivo, reviste un sentido intensamente histórico, es el fruto de la fragmentación latinoamericana. Lo que ocurre, en síntesis, es que existe una cuestión nacional sin resolver. América Latina no se encuentra dividida porque es “subdesarrollada” sino que es “subdesarrollada” porque está dividida».

El subdesarrollo es hijo de la división, y, por eso mismo, es decisivo resolver la cuestión nacional Nuestroamericana en los próximos años.

Queridos hermanos y hermanas:

Me voy a detener brevemente en algunos puntos de la agenda de la Celac. Dejo otros por fuera para no alargar más este mensaje.

Pienso que es del todo decisivo darle el más riguroso cumplimiento a dos grandes compromisos sociales —incluidos dentro del Plan de Acción de Caracas—, para que la Celac tenga valor de existencia para nuestros Pueblos: hablo del desarrollo del Programa Latinoamericano y Caribeño de Alfabetización y del Programa Latinoamericano y Caribeño de Erradicación del Hambre.

La única respuesta a la crisis que han encontrado los países del Primer Mundo ha sido el recorte del gasto social y de la inversión pública. Desde la Celac, nosotros podemos sostener el crecimiento económico con una fuerte inversión social, acordando una agenda común para la igualdad y para el reconocimiento al derecho universal que tiene cada uno de nuestros ciudadanos, sin exclusión, a recibir salud y educación gratuitas.

Igualmente, urge consensuar acuerdos que nos permitan crear y llevar adelante una agenda energética común. Contamos con una fortaleza, de entrada, para enfrentar el panorama extremo de un mundo donde las fuentes energéticas tienen sus días contados. Ingentes son los recursos de la región, solo tenemos que crear políticas adecuadas que estén a la altura de los dones que la naturaleza nos ha prodigado. Allí está la experiencia exitosa de PETROCARIBE para demostrar que sí es posible construir una alianza energética con base en la reciprocidad.

Quiero parafrasear a Bolívar: lo que hemos hecho es apenas un preludio de la gran tarea a cumplir para consolidar a nuestra Celac.

Queridos Jefes de Estado y de Gobierno:

Nos hemos comprometido en darle todo el apoyo a Cuba, que ocupa, a partir de esta Cumbre de Santiago, la Presidencia Pro Témpore de nuestra Comunidad. Es un acto de justicia luego de más 50 años de resistencia al criminal bloqueo imperial. América Latina y el Caribe le están diciendo a Estados Unidos con una sola voz que todos los intentos por aislar a Cuba han fracasado y fracasarán.

Quiso el azar y así quedará en la historia, que precisamente el día de hoy, 28 de enero, en que Cuba asume la presidencia Pro Témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, se conmemoren 160 años del nacimiento del apóstol de la independencia Cubana y uno de los más grandes bolivarianos de todos los tiempos: José Martí.

Sus proféticas palabras aún resuenan: «Pueblo y no pueblos, decimos de intentos por no parecernos, que hay más que uno del río Bravo a la Patagonia. Una ha de ser, pues que lo es, América, aun cuando no quisiera serlo; y los hermanos que pelean, juntos, al cabo de una colosal nación espiritual, se amarán luego».

Ha llegado el tiempo de ese amor de Martí, de ese amor de Bolívar, de ese amor Nuestroamericano.

Por eso, desde mi corazón bolivariano, hago votos por el rotundo éxito de esta Cumbre de la Celac. Aquí en La Habana estaré pendiente de su desarrollo. Con toda la luz de la Patria Grande, que irradia hoy con más fuerza en Santiago de Chile, vaya un infinito y fraterno abrazo para todas y todos.

 

Hugo Chávez Frías

Presidente de la República Bolivariana de Venezuela

¡Hasta la Victoria Siempre!

¡Que Viva la Unión de Nuestros Pueblos!

¡Que Viva la Celac!