anitapouchardserraEs junio, y a pesar de que el frío de este invierno neoliberal insista en estacarnos al reparo inmovilizador y a la indiferencia vil, salimos al encuentro de un nuevo día con el desafío cotidiano de (comunicar) y ser más humanos, justas y solidarios.

Es junio y es innegable… el pecho nos arde infinitamente rojo. La sangre se agolpa al salir disparada en su recorrido habitual por el cuerpo atolondrado y arden las piernas de arrastrar callecitas de tierra en los barrios.

Arden los ojos de llorar al otro, de amar sin atajos. Arde la espalda de sentarnos a clavar palabras, de retratar encuentros y pintar futuros. Arden los dientes y también arde la boca de tanto denunciar que (nos) siguen matando. Arden la risa y la mirada cómplice, arden los cuellos de cargar postales. Arden los brazos de entregar plusvalor pero más arde el valor de cada uno de los abrazos. Arde la marcha de nuestra esperanza, apunte y semblanza de nuestra historia que va despacio pero avanza al calor del fuego que nos empuja, de la llama amiga que nos reúne, del periodismo nuevo que nos reclama. Y en eso estamos.

Junio nos arde en nuestras manos, en cada texto que escribimos, en cada imagen que fotografiamos, en cada gráfico que dibujamos. Porque si la militancia es forma de vida, lo más importante de nuestro existir y porvenir, militar la comunicación con plena libertad de expresión también es una muestra de compromiso que se disfruta plenamente, adelantando el futuro. Para vivir con alegría.

La lucha de Darío y Maxi vive en las calles también cuando un artista popular se ve imposibilitado de desarrollar un espectáculo en un centro cultural. ¿Por qué? Porque los clausuran. Y ahí estamos comunicadores y comunicadoras populares, en las calles. En esas donde ayer lucharon Kosteki y Santillán, en las que hoy sirven de escenario de aquellos y aquellas a quienes quisieron clausurar. Allí estamos también para dar fin al doble ninguneo: al de grandes medios que no difunden la cultura popular, al del gobierno que intenta censurar. Ellos viven allí también, en la lucha de cientos de artistas que año tras año no dudan en estar en la estación para cantar, bailar, pintar o recitar la consigna #YoPidoCárcel. Porque podrán borrar un mural o cerrar un espacio, pero el rojo ardiendo en los corazones pide salir y volar en arte.

Junio nos arde rojo. Darío Santillán nos arde rojo. Maximiliano Kosteki nos arde rojo. Las y los caídos del pueblo enfrentando todo tipo de opresión nos arde rojo. Los medios populares nos arden rojo. Pero junio también nos arde violeta. La sororidad es tan fuerte como Darío sosteniendo a Maxi. Cuando tenemos que contar historias de quienes abortan y quienes las acompañan, cuando una compañera está sufriendo violencia y no sabe cómo salir de esa situación, cuando (te) maltratan por ser torta, trava, puto, mujer.

A 14 años de la Masacre de Avellaneda, lamentablemente tenemos que sumar más nombres a la lista de asesinadxs. A Amancay Diana Sacayán también la mataron. Su travesticidio nos sorprendió cuando volvíamos del Encuentro Nacional de Mujeres de Mar del Plata el año pasado. Diana es hoy parte de la lista de compañeras travestis y trans asesinadas por machistas que odian los cuerpos disidentes en un sistema represor, capitalista, patriarcal y racista.

Darío y Maxi viven en nuestras luchas y en nuestros corazones. Suena a fórmula que podemos repetir en titulares cada 26 de junio, pero en el pensar el sentido de estas palabras podemos encontrar la verdad más profunda. Muchxs de nosotrxs éramos adolescentes asomándonos al mundo cuando Darío y Maxi fueron asesinados, muchxs de nosotrxs no luchamos junto a ellos como si hoy lo hacemos junto a otros y otras; tampoco hemos estado aquel 26 de junio ni los siguientes que vinieron inmediatamente. Sin embargo, recordamos a fuego ese día de horror. Las palabras dichas y escritas en los medios hegemónicos, las imágenes retratando la muerte, el dolor y la injusticia de pretender que fue “la crisis” la que causó “dos nuevas muertes”.

Hoy no seríamos lxs mismxs si Darío y Maxi no hubieran existido. No estaríamos acá intentando explicar qué significa Junio para quienes hacemos comunicación popular.

Es que junio es resistencia. Es el dolor que genera la imagen del compañero asesinado en la estación y la de la compañera asesinada en la basura. Es lo necesario de repensar lo obvio y contemplar lo que no debería ser evidente. Es el compromiso de ser sobreviviente y la necesidad básica de concretar un mundo mejor. Junio es empoderamiento colectivo y el paraíso perdido que buscamos a la vuelta de cada esquina, donde ya no se hablará de inclusión, sino de convivencia. Y también para quienes hacemos comunicación a diario.

Por: Redacción Marcha