Se cumplen 71 años de la proclamación de la Doctrina Truman

Se cumplen 71 años de la denominada Doctrina Truman, llamada así por el presidente de los Estados Unidos Harry Truman, quien hizo la proclamación de esta en una comparecencia ante el Congreso de ese país el 12 de marzo de 1947, convirtiéndose en la primera expresión importante de la política norteamericana de “contención” del comunismo durante la Guerra Fría.

En el marco de la miseria tras la destrucción causada por la Segunda Guerra Mundial, el Viejo
Continente constituía el caldo de cultivo ideal para la expansión comunista. A fin de evitar dicho peligro, el Gobierno de los Estados Unidos lanzó un programa que se implementaría a través de un esquema doble: una fase económica, el Plan Marshall, y una fase política, la Doctrina Truman.

En ese discurso Truman afirmó que “la política de Estados Unidos debe ser apoyar a los pueblos libres que están resistiendo intentos de agresión de minorías armadas o presión exterior”.

Dicho discurso tenía por objetivo ejecutar un programa de ayuda a Grecia y Turquía valuado en 400 millones de dólares; su objetivo era enviar efectivos militares y colaboración económica a esos países. De hecho, estos Estados venían soportando acciones de infiltración y presión por parte de la Unión Soviética, que pretendía establecer un sistema de coparticipación en el control de los estrechos marítimos del Bósforo y los Dardanelos que estos países dominaban. Más allá de estas argumentaciones, el fin último de la URSS era emplear la guerra civil para dominar a Grecia y luego extenderse por el resto de los continentes, sometiendo e incorporando territorios a su bloque.

En 1946, había estallado la Guerra Civil Griega que se prolongó por tres años. Los ingleses habían notificado a la Casa Blanca de su incapacidad para continuar apoyando al gobierno griego contra las guerrillas comunistas búlgaras que habían ingresado al territorio. Tampoco podían seguir sosteniendo a
Turquía.

En esta oportunidad, Truman contó con el apoyo de republicanos aislacionistas, como el senador Arthur Vanderberg, quien aconsejó al presidente que, para lograr el apoyo del Congreso, debía “asustar al pueblo norteamericano”. “Cada nación debe elegir entre dos formas de vidas alternativas: régimen democrático o terror comunista”. La democracia, la vigencia de las instituciones republicanas, el imperio de la voluntad mayoritaria, el gobierno representativo, las elecciones libres, la garantía de la libertad individual, el respeto de la comunidad internacional bajo los principios de la ONU, o la voluntad impuesta bajo el terror de una minoría, el poder de opresión del círculo gobernante, la violación de los derechos humanos fundamentales, las elecciones manipuladas para la designación de dirigentes, prensa y radio controladas, total supresión de las libertades personales.

El mensaje tuvo éxito y fue catalogado por los medios y por el público como la Doctrina Truman. Logró la aprobación del Congreso en mayo del mismo año e inclinó la balanza a favor del ala norteamericana.

Las opiniones en torno a su aplicación fueron diversas. Algunos especialistas consideraron que la actuación del presidente Truman marcó un punto clave que le permitió a los Estados Unidos, debilitar la expansión soviética por medio de la consolidación de gobiernos nacionales en zonas estratégicas del mundo, tales como el Mediterráneo Oriental. Otros, al contrario, afirmaron que ocultó los elementos críticos y específicos de la situación griega, aceleró la respuesta militarista a la amenaza soviética y fue la piedra angular para asegurar un espacio cómodo para la intervención militar en cualquier punto del globo.

Antecedentes

Una serie de antecedentes constituyen lo que es la Doctrina. El primero de estos antecedentes es, sin duda, el estado de desorganización, económica y política, en que quedó Europa después de la guerra, y los consiguientes temores, vueltos otra vez al tapete de la actualidad internacional, de su conversión al comunismo. En las primeras elecciones que se celebraban después de la guerra, los partidos comunistas aumentan considerablemente su caudal político, aun más allá de los limites de la clase obrera lo que hace extraordinariamente precaria su permanencia en el bloque occidental. A partir de entonces, la tarea principal no pareció ya preservar la naciente democracia italiana contra el fascismo, sino evitar el auge del comunismo.

Los países de Europa occidental, en tanto, demasiados afectados y desorientados por las consecuencias de la guerra, no marchaban en la reconstrucción con la velocidad requerida y deseada por los norteamericanos, mientras los triunfos políticos de los comunistas se sucedían en Europa. Un negro pesimismo sé hacia sentir entre varios políticos de Estados Unidos, pareciera que la guerra hubiera sido solamente un paréntesis, un terrible paréntesis, en la situación europea.

Prensa Digital Mippci con información de Agencias

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